viernes, 5 de febrero de 2016

Guillermo Moreno y Minou Tavárez Mirabal, los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía,podrían ser factores que incidan de manera determinante en los resultados del proceso electoral

La contrapartida es una oposición política y electoral muy dispersa, representada principalmente por el Partido Revolucionario Moderno, recientemente creado, que es menos conocidos que los partidos tradicionales.
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Foto: Danilo Medina y Luis Abinader.
Danilo Medina, presidente y candidato a la reelección, es conocido más que cualquier otro aspirante a la presidencia para las elecciones del 2016. Fue jefe de la campaña electoral de 1996 de Leonel Fernández, en el 2000 fue candidato presidencial derrotado por Hipólito Mejía, y volvió a ser clave en la campaña electoral de 2004, que ganó Leonel Fernández.
Para el 2008, Danilo Medina hizo campaña interna en el PLD para la candidatura presidencial, y fue derrotado por Leonel Fernández, que buscó la reelección. Muy pronto, Danilo Medina, en silencio y un tanto aislado, y comenzó a trabajar para ser el candidato presidencial del PLD en el 2012, y finalmente lo consiguió, logrando también el apoyo de Leonel Fernández y del gobierno.
La historia de Danilo Medina a partir de su ascenso al poder ha sido construida paso a paso, medida y planificada. Toda la experiencia acumulada en sus contiendas anteriores le sirvieron para trazar una hoja de ruta que le permitiera desembrollar el acuerdo forjado entre Leonel Fernández y Miguel Vargas para la Constitución del 2010, que prohibía la reelección presidencial.
Desde temprano Danilo Medina tenía claro que iba a trabajar por la reelección, pero todo a su debido tiempo y con los planes que ejecutaría necesitaba poner el escenario a su favor.
Sin dejar de lado a los demás actores políticos, como Guillermo Moreno y Minou Tavárez Mirabal, los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía,podrían ser factores que incidan de manera determinante en los resultados del proceso electoral
Vinieron las encuestas, la cercanía con la gente, las visitas sorpresas desde inicio del gobierno, el lanzamiento temprano de varios precandidatos dentro del PLD que no cuajaron como para lanzarse con fuerza a enfrentar a Leonel Fernández. Todo marchó a pedir de boca y conforme a un plan bien estructurado, tanto que se logró la mayoría del poderoso Comité Político del PLD, que  impuso la decisión de auspiciar una reforma constitucional para poder postular de nuevo al presidente Medina. Se le asestó una dura derrota al tres veces expresidente Leonel Fernández, que hasta ese momento era visto por seguidores y gran parte de contrarios como el candidato por excelencia del PLD para 2016.
Danilo es candidato a la reelección, y tiene a su favor el control de los organismos del PLD, el control de los organismos electorales del país, el control del gobierno, el control de muchas de las organizaciones profesionales, cierta satisfacción de importantes grupos empresariales, una maquinaria de comunicación y propaganda tan fuerte o más como la que acompañó a Leonel Fernández, que ha sido eficientemente manejada para fijar en la conciencia pública una imagen de fortaleza del gobernante y la idea de que vencerlo electoralmente es casi un imposible. Hasta aquí todo ha marchado según los planes, y a favor del presidente y candidato.
Pero ha habido problemas en el camino. Un gobierno con tanto poder, y con tantos funcionarios que actúan sin responder a una coordinación centralizada, han creado un ambiente de permisividad con actos de corrupción, de compra de votos para cambiar la Constitución, de agresividad para neutralizar a Leonel Fernández, o de chantaje para quitarle al expresidente parte de su entorno político más comprometido.
Casos como la corrupción en la OISOE, la corrupción en la justicia, para permitir la operatividad de grupos delincuenciales y criminales, las debilidades en la Policía Nacional, y en la Dirección General de Control de Drogas, o la inseguridad ciudadana, así como la debilidad de las políticas públicas en la generación de empleos, no quedan bien alineadas a los planes oficiales de mantener a Danilo Medina como invencible.
La contrapartida es una oposición política y electoral en alguna medida dispersa, representada principalmente por el Partido Revolucionario Moderno, recientemente creado, que tiene el reto de competir con siglas y símbolos sembrados en el imaginario popular desde hace decenios.
Vale decir que es una entidad política nueva, que ha conseguido la alianza con el Frente Amplio, con el Partido Reformista Social Cristiano y otras fuerzas políticas, como el Partido Humanista Dominicano o el Partido Dominicanos por el Cambio. Pero que necesita más eficiencia, contundencia y proyección en su labor opositora.
El PRM es nuevo, con posibilidad de seguir creciendo, y su candidato presidencial, Luis Abinader, es una figura relativamente nueva en la política. El candidato del PRM derrotó al ex presidente Hipólito Mejía en la contienda interna, ganando 69% contra 28%, un dato que podría dar una idea del potencial y la fortaleza de Luis Abinader.
Abinader no ha sido funcionario público nunca, no ha sido legislador ni puede señalársele hecho alguno reñido con la ética. Tiene buena formación académica, es de una familia reconocida, y su temperamento no es agrio, ni refleja violencia, ni es deslenguado, ni anda con estridencias. Vale decir, que Abinader tiene buen perfil político y electoral. En su proceder nunca atropellante puede equipararse al presidente Danilo Medina, quien ha sido exitoso en carrera política sin lanzar contra sus adversarios acusaciones personales, descalificaciones ni denuestos.
Ambos, Danilo Medina y Luis Abinader, cuentan en sus partidos con expresidentes. Leonel Fernández, en el PLD junto a Danilo Medina, e Hipólito Mejía, en el PRM junto a Luis Abinader, en alguna medida harán sus aportes e influirán en la suerte de estos dos candidatos presidenciales.
Sin dejar de lado a los demás actores políticos, como Guillermo Moreno y Minou Tavárez Mirabal, los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía,podrían ser factores que incidan de manera determinante en los resultados del proceso electoral.
Talvez por eso, los estrategas de los dos principales candidatos se empleen a fondo para manejar las relaciones con los expresidentes (cada uno con el suyo) con miras a obtener los mejores resultados posibles. Ya veremos.
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